La segunda historia de hoy es sobre mí.

Tengo 51 años y nací en Barcelona. Fui una niña feliz, hija única de una madre que se dedicó a criarme y un padre que trabajó duro en una fábrica gran parte de su vida. Fui a la escuela como todas las niñas de mi edad y a los 16 años salía por primera vez del país para ir de viaje de fin de curso a París. Hablando de “primeras veces”, fui la primera universitaria de la familia. Soy Psicóloga.

Cuando me licencié, me costó encontrar trabajo: estábamos en plena crisis post-olímpica, pero con la liberación del sector de las Telecomunicaciones en España y la aparición de los primeros call centers que empleaban a miles de personas en todo el país, empecé a trabajar como técnica en selección y formación. Al cabo de 4 años, sentía la necesidad de crecer profesionalmente y adquirir más experiencia para llegar a lo más alto de mi carrera profesional, así que me incorporé en una importante constructora como Responsable de Selección y Formación.

El 11 de septiembre de 2001 se producía el mayor atentado terrorista de la historia de la Humanidad con la caída de las Torres Gemelas en New York. Aquel cisne negro, aquel acontecimiento inesperado e impredecible, impactó en un mundo que dejó de ser un lugar seguro para convertirse en VUCA: volátil, incierto, complejo y ambiguo. Desde entonces, el mundo y nuestras vidas fueron como una montaña rusa. Años más tarde, me incorporé a Pirelli como Manager en Desarrollo.

A diferencia de la fábrica de mi padre, las empresas buscaban personas con habilidades personales, capaces de llevar las mejores prácticas al trabajo y con iniciativa delante de los problemas, que no se limitaran a contribuir según la definición de su puesto de trabajo. O sea, me buscaban a mí

Poco antes de que Pirelli cerrara sus puertas definitivamente, siguiendo con mi carrera profesional, me incorporé como Directora de Recursos Humano en una importante Clínica de Barcelona. Entonces llegó la crisis financiera global de 2008 a causa del colapso de la burbuja inmobiliaria de EUA.

Deambulé por algunos proyectos profesionales poco motivadores. No buscaba un trabajo para ganar dinero y basta. Buscaba un trabajo donde tuviera la oportunidad de hacer las cosas mejor, crear cosas nuevas… Buscaba poder dar lo mejor de mí misma con entusiasme, hacer las cosas bien… Si debía trabajar hasta los 67 (ó 75 años), quería apasionarme por el trabajo y trabajar en lo que me apasionara. Pero nací antes de hora y en aquel momento no fui capaz de encontrar una empresa que me ofreciera todo eso. Así que en 2014 fundé mi propia empresa, @Monday Happy Monday, que hoy se ha convertido en la primera agencia de innovación y agilismo on/off, juntamente con mi actual socia @Alicia.

Pronto entendí que si no invertía en mí misma, si no era capaz de entender la importancia de formarme, pronto sería poco empleable incluso para mi propia empresa. Así que a los 46 años me matriculé en un posgrado de innovación y Design Thinking y a los 48 en otro sobre Agile. Y este mes de febrero empiezo un programa de liderazgo en innovación en el prestigioso MIT. Como veis, el aprendizaje ha dejado de estar ligado a un lugar y a una edad, como en la época de mi padre. Debemos aprender a lo largo de toda nuestra vida. Debemos ser lifelong learners.

Mientras han pasado todas estas cosas, ha aparecido un rinoceronte gris, en palabras de la autora norteamericana Michele Wucker: el COVID-19, que paralizó casi por completo nuestra empresa. En los últimos 20 ó 30 años, gran parte del mundo ha pasado de ser complicado, como era el mundo de mi padre, a ser complejo, lo que nos obliga a desarrollar una capacidad muy importante: la capacidad de lidiar con lo inesperado porque lo que es inesperado se ha convertido en una norma.

En el pasado acostumbrábamos a pensar en qué destinar nuestro tiempo. Hoy tenemos que pensar en hacer cosas “por si acaso” y prepararnos para acontecimientos que no sabemos cuáles serán, pero que seguro ocurrirán. Y a diferencia de la época de mi padre, la experiencia ya no es suficiente en un mundo que cambia tan rápido…

Continuará… En el próximo post hablaré sobre el futuro del trabajo, mi hija y mi hijo…

 

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