No somos videntes, pero hace ya unos años que los investigadores de tendencias, o también llamados coolhunters, se están encargando de capturar, documentar, interpretar y transmitir información que nos ayuda a imaginar cómo será el futuro próximo.

Es curioso ver cómo nos gusta pensar en el futuro. Los participantes en una investigación de la Universidad DePaul, en Chicago, debían responder cuánto de su día ocupaban en pensar en el mañana, en el hoy o en el ayer. De hecho, el 38% del tiempo lo pasaban abocados al futuro. La mayoría de las decisiones las tomaban en función de lo que cada uno proyectaba para sí mismo, con o sin alguna cuota de realidad.

Que el futuro nos importe más que el presente no es casualidad. Con la evolución del ser humano, nuestro cerebro aumentó de tamaño y la corteza prefrontal, donde podríamos decir que se elabora nuestro pensamiento sobre futuro, más que cualquier otra área.

Fantasear sobre el futuro nos resulta muy útil porque nos permite adelantarnos mentalmente a sus consecuencias y la anticipación nos provoca placer. Bien lo sabía el personaje del zorro en El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, cuando le exigía al pequeño aviador que le dijera una hora exacta en la que iría a verlo. Y le explicaba por qué:

“Si me dices que llegarás a las cuatro, yo te estaré esperando desde las dos; ansioso por tu llegada. Y esa espera me producirá felicidad”.

El entorno en que vivimos caracterizado por lo VUCA, los game changers, los cisnes negros, los rinocerontes grises, las nuevas economías emergentes o el crecimiento exponencial de la tecnología, hacen que hoy, más que nunca, estemos constantemente abocados a pensar en el futuro.

Si hibridamos el concepto de futuro con uno de los aspectos más importantes para el ser humano, el trabajo, surge uno de los objetos de estudio más apasionantes de nuestros días: el futuro del trabajo.

El mundo del trabajo está experimentando un importante proceso de cambio. Por este motivo, el director general de la OIT, Guy Ryder, lanzó hace ya un tiempo “La iniciativa sobre el futuro del trabajo” creando una unidad específica sobre ello.

En este ámbito, tal y como ya proponía el fundador del Foro de Davos, Klaus Schwab, estamos entrando en una nueva revolución industrial (la cuarta, tras las originadas por la máquina de vapor, la electricidad y la computerización). Los principales motores de cambio en esta nueva era son:

➡️  Inteligencia artificial y la hiperconectividad

➡️  El surgimiento de las clases medias en varios países asiáticos

➡️  El enfrentamiento de muchos países occidentales al envejecimiento de la población y a su sostenimiento, lo que se traduce en el crecimiento de determinados segmentos de trabajadores de servicios asistenciales y sanitarios.

➡️  La flexibilidad en el trabajo

➡️  El trabajo por proyectos y las relaciones líquidas

La pérdida de empleos es otro cambio mantra de los apocalípticos. Carl Benedikt Frey, investigador en la Universidad de Oxford, afirma que el 47% de los empleos corre el riesgo de desaparecer. Sin embargo, Manish Sharma, chief operating officer de Accenture Operations afirma que

“La automatización de los procesos va a hacer a proporcionar una vida mejor a las personas”

El economista José Moises Martín Carretero, autor de “España 2030: gobernar el futuro” (Planeta, 2016), incide en la misma idea que Sharma.

“El progreso tecnológico ha desplazado trabajadores pero ha creado muchos más puestos” (…) “A corto plazo puede haber reducciones pero a largo plazo la creación de empleo es incuestionable”.

Dicho lo anterior, podemos considerar que los principales ejes del cambio en mundo del trabajo son:

▶️  Los flujos migratorios y la demografía en expansión.

▶️  Los cambios tecnológicos (con la transformación digital as cosas ya no suceden bajo nuestros pies, sino sobre nuestra cabeza).

▶️  Los cambios climáticos y medioambientales.

Algunas respuestas para hacer frente a estos cambios son:

☑️  Crear organizaciones globales donde la diversidad esté presente no sólo entre los empleados, sino también entre socios, proveedores y clientes.

☑️  Construir estructuras organizativas basadas en modelos de heterarquía, también llamada redarquía u holocracia, en las que el poder no reside en una persona o grupo de personas concreto, sino que todos los componentes de la organización son independientes, cambiándose el concepto de ordenar por el de influir: nadie es amo, todos pueden influir en quien quieran y hay libertad de pensamiento. Se trata de una estructura que responde al nuevo papel más participativo y democrático que los ciudadanos juegan en la sociedad.

☑️  Desarrollar comportamientos organizacionales más flexibles para responder rápidamente a los cambios.

☑️  Instaurar una visión compartida genere ambientes de apertura y confianza entre los individuos y los grupos de trabajo, de modo que se incrementan las posibilidades de solución creativa de problemas.

☑️  Generar aprendizaje, con la finalidad de formar y desarrollar capacidades que permitan a las organizaciones capitalizar el conocimiento que ellas mismas generan.

☑️  Instaurar consciencia medioambiental.

Otro tema central del futuro del trabajo y que merece una mención aparte es el liderazgo. En palabras del propio Klaus Schwab, en un mundo en el que gobiernan la incertidumbre y los cambios, los líderes deben hacer gala de un “liderazgo sensible y responsable”.

Schwab afirma que ser líder significa asumir responsabilidades, y ello requiere de dos virtudes: sensibilidad y empatía. Ambas están representadas, para el presidente del Foro, por dos objetos como son la brújula y el radar. Sin un radar, los líderes no pueden responder, y a falta de una brújula, no pueden ejercer el liderazgo de manera responsable.

Muchas empresas saben que el mundo que las rodea está cambiando y tratan de adaptarse, pero muchas otras continúan como si nada. Aquéllas que no aborden los cambios necesarios corren el riesgo de perder no sólo clientes, sino también a sus empleados.

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