Primer pecado capital: El Miedo

Si bien es cierto que el miedo no puede considerarse un pecado capital como tal por tratarse de una emoción, lo es desde el momento en que, como definía Sto. Tomás de Aquino los pecados capitales, éste tiene un fin excesivamente deseable, de manera tal que en su deseo, algunos líderes cometen muchos “pecados” originales y al que estos tienen una inclinación natural

Algunos líderes, como cualquier ser humano, sienten miedo por una aversión natural al riesgo y la amenaza de algo que ni siquiera tiene por qué ser real.

Haciendo una analogía con un post que Borja Vilaseca escribió en 2012 sobre el miedo al cambio, con miedo los líderes se sienten más vulnerables y, buscando la seguridad, cierran las puertas a la innovación

Algunos líderes tienen tanto miedo al cambio que se aferran a la pereza para no tener que cuestionar las creencias con las que han construido su entidad como tales

Segundo pecado capital: La Pereza

La pereza (cf. lat. pigritiam, y este, a su vez, del adjetivo piger = lento, tardío, torpe, pesado), podemos definirla como la negligencia, el tedio o el descuido en las cosas a que estamos “obligados” a hacer. La pereza es la falta de estímulo, de deseo, de voluntad para atender a lo que hay que atender.

Innovar supone esfuerzo y algunos líderes tienden a no malgastar energías si no hay un beneficio, un beneficio para ellos, porque creen que sus propias opiniones e intereses son más importantes que las de los demás, lo que nos lleva al tercer y último pecado capital de este post.

Tercer pecado capital: el Egocentrismo

La Wikipedia define el egocentrismo como la incapacidad para desenmarañar esquemas subjetivos de la realidad objetiva y una incapacidad para asumir o comprender con precisión cualquier perspectiva que no sea la propia.

Algunos líderes incluso llegan a enfermar. El médico y político británico David Owen la describió: se trata de la enfermedad de Hubris. La palabra Hubris proviene del griego hybris y se refiere a la descripción de un acto en el cual algunos líderes se comportan con una exagerada autoconfianza que los lleva incluso a actuar en contra del sentido común. Para los antiguos griegos este comportamiento era deshonroso y digno de ser censurado. Hoy quizás no lo es tanto.

Los psicólogos resaltamos que el egocentrismo consiste en creer que las opiniones y los intereses propios son más importantes que los pensamientos de los demás. Los datos del “mercado”, bien sean de carácter cuantitativo o cualitativo, que permiten innovar pueden arrojar verdades incómodas para estos líderes que creen saberlo todo. Lo que el egocéntrico pretende es, según su óptica, lo único que tiene valor

La historia de los 7 pecados capitales han reflejado a lo largo de los siglos anécdotas, historias y ahora este post. ¿Cuáles crees tú que son los 4 pecados restantes de los líderes en la innovación?

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