El post de hoy es muy personal, así que seguro te va a gustar. Probablemente, más de una vez te habrás preguntado cuál es el secreto por el cual Alicia y yo nos llevamos tan bien trabajando juntas. Pues hoy te lo voy a desvelar.

Empezaré por contaros la historia sobre cómo nos conocimos, aunque no sea exactamente una historia de amor. Ella era mi clienta cuando ambas trabajábamos en y para el sector de las Telecomunicaciones. A pesar de que yo era su proveedora, jamás me trató con ascendencia, si no de igual a igual y siempre con respeto.

Cabe admitir que la casualidad ayudó a que estrecháramos nuestros lazos a través de quien ha sido una de mis mejores amigas y, a su vez, familiar suyo, pero este tipo de circunstancias no son más que pequeños “nudges” en las relaciones que, en nuestro caso, sirvió para que supiéramos la una de la otra a pesar de tomar caminos profesionales que nos llevaron a no vernos durante bastantes años. 

Estar en el mismo momento vital fue de gran importancia porque esa circunstancia provocó que nos un buen día, tras años sin vernos, nos sentáramos ante un buen café y nos pusiéramos al día. Ambas acabábamos de salir de un proyecto profesional y nos encontrábamos en búsqueda de uno propio, en plena fase exploratoria. 

Empezamos a pensar qué podíamos hacer juntas con lo que sabíamos hacer, así que nos inventamos un producto que hoy todavía yace guardado en un cajón (quién sabe si algún día lo rescataremos). Empezamos a trabajar y trabajar incansablemente (no hemos parado desde entonces) sin saber demasiado bien hacia dónde nos dirigíamos, pero ambas coincidimos en la importancia de explorar y probar, como decimos habitualmente, de empezar a caminar. Así que empezamos a caminar juntas hacia allí donde nos llevara el camino, sin importarnos demasiado el destino, pues lo que teníamos claro es que seguro que había uno aguardándonos. Todavía recuerdo una etiqueta que se hizo famoso en nuestras filas #yalotenemos. ¿Lo teníamos? Pero ¿qué teníamos? En realidad, no teníamos nada, aunque con retrospectiva hemos visto que, efectivamente, teníamos algo muy grande.

Hasta que dimos con la innovación centrada en las personas y los procesos de pensamiento para innovar. Siempre quisimos hacer las cosas distintas, así que cuando todos todavía hablaban de la innovación customer-centric, nosotras empezamos a hablar de la innovación employee-centric. Recuerdo la ilusión del primer cliente como si fuera ayer… 

Nacimos en 2016, todavía en plena recesión de 2008 y, cuando parecía que estábamos cruzando el océano azul, vino la pandemia. Así que podemos decir que nuestro proyecto es hijo de las crisis. No sabemos qué significa no estar en crisis, pero a pesar de lo difícil que resulta todo, ello nunca ha sido nunca motivo de desavenencias

Son muchas las cosas que nos han pasado desde entonces, tantas que a veces tengo la sensación de que llevamos un lustro trabajando juntas. Durante todos estos años, nos hemos reído mucho porque nos ha pasado casi de todo, aunque también ha habido alguna lágrima, por qué nos vamos a engañar. 

Hemos trabajado hasta la extenuación. Hemos corrido, corrido mucho, tengo la sensación de una maratón, arriba y abajo, sin un ápice de pereza, buscando oportunidades allí donde pudiera haberlas, incluso bajo las piedras. 

Hemos conocido a cientos de personas interesantes y no más de 2 que no lo fueran. Hemos recorrido juntas caminos sin salida que merecieron recorrerse, aunque solo fuera para saber que no debíamos seguir por ahí. Hemos tenido la suerte de llevar a cabo proyectos muy interesantes que nos hicieron mejores que antes de empezarlos. Hemos aprendido lo inaprendible. Hemos volado rozando casi la perfección en todo aquello que hemos hecho, pensando siempre que pudimos hacerlo mejor. 

Y sí, por si te lo estabas preguntando, también nos hemos enfadado, como en las mejores familias, pero cuando eso ocurre, que ocurre pocas veces, nos emplazamos al día siguiente sin necesidad de decirlo. Cuando una se levanta al día siguiente, lo ve todo distinto, y volvemos a abordar el tema como si nada hubiera ocurrido, sin menciones ni reproches ni explicaciones, como si repitiéramos la toma, pero mejor que la última vez, y funciona, funciona porque no hay testosterona por en medio, no competimos por quien lo hace mejor porque tenemos la certeza absoluta que necesitamos la una de la otra para hacerlo (casi) perfecto y donde no llega una sola, llegamos las dos. Ha habido respeto, mucho respeto y generosidad, toneladas de generosidad…

Seguro que Alicia dará buena cuenta de que me dejo alguna, pero estas son para mí las claves para que reine el “buen rollo” cuando trabajas con alguien. ¿Y tú? ¿Tienes alguna receta secreta que quieras compartir?

PD: Las debilidades de ambas también nos unen: somos nefastas haciéndonos selfis.

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